“Cuando dibujo, mi estado de ánimo parece responder: mi ensoñación inconsciente se manifiesta impresa en una superficie”.

—Tacita Dean

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The Friar’s Doodle , 2010

La serie monumental de capiteles románicos del claustro de Santo Domingo de Silos ha atraído siempre múltiples visitantes, incluyendo distintas generaciones de artistas. Cuando Tacita Dean lo visitó por primera vez, muchos aspectos de este complejo histórico atrajeron su atención, como el canto gregoriano de las vísperas con el que los monjes acaban el día. Unos meses después, la artista regresó para estudiar con mayor atención los garabatos y graffiti que rodean la columnata del claustro, imaginando que los habitantes de la abadía habrían trazado esas marcas a lo largo de los siglos, mientras dejaban pasar las horas en su reclusión solitaria.

Como es habitual en la obra de Dean, una imagen o un encuentro al azar se convierten en un palimpsesto mnemónico. Al resonar como un eco en su imaginación, pone en marcha un tren de alusiones que suscitan recuerdos recientes y lejanos. Tal vez la referencia de mayor alcance generada por el claustro de Silos haya sido el recuerdo de un elaborado garabato en blanco y negro, dibujado décadas atrás, cuando Dean, colegiala, asistía a la misa semanal con quien lo hizo: un joven fraile estudiante de teología en una universidad cercana. De forma reveladora, aunque tal vez inexplicable, Dean había guardado aquel dibujo, protegiéndolo entre las páginas de un libro: quería hacer algo con él, algún día… Entre los recuerdos más recientes, estaba esa hoja de papel recorrida con trazos de lápices entrelazados. Igual que Giorgio Morandi ordenaba obsesivamente botellas y jarros sobre la mesa de trabajo de su estudio, para componer sus naturalezas muertas, y registraba sus cambios de posiciones con el simple recurso de reseguir sus huellas.

En The Friar’s Doodle (El garabato del fraile), 2010, Dean ha utilizado por primera vez una cámara de animación rostrum, y por esa razón, la película está compuesta de imágenes animadas, en oposición a las imágenes estáticas que caracterizaban su obra. Cortado en movimiento, el material se ha editado siguiendo muy de cerca los perfiles serpenteantes de los dibujos. La cámara nunca retrocede ni se aleja para revelar la elaborada composición en su totalidad. Visto acumulativamente, por decirlo así—en fragmentos, a lo largo del tiempo—, la surrealista composición sólo puede comprenderse con los ojos de la mente. El modo obstinado en que Dean revela la imagen original sirve metafóricamente para subrayar los dilatados procesos de descubrimiento necesarios para descifrar la escena de conjunto inscrita en el tejido de Silos. Porque los motivos tallados y grabados del inventario fotográfico que Dean realizó durante su segunda visita a Silos ofrecen un registro a veces indescifrable, a menudo fragmentado, que anula toda premisa de que la historia pueda ser singular, sólida y sellada. Este archivo constituye una analogía visual de ensoñaciones, cavilaciones y vuelos de la imaginación que, aun fijado en el pasado, resulta familiar y accesible: cercano a nuestra vida cotidiana, a las incursiones especulativas que vagan más allá del tiempo, sin fines discernibles. El garabato del monje parece avalar la persistencia de esos impulsos intuitivos que nos lleva a posicionarnos en los discursos léxicos de la historia, además de invitarnos a reflexionar sobre los mecanismos interpretativos que se despliegan para descodificar sus residuos gráficos.

Proyecto comisionado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia con el apoyo de la Cámara de Burgos y patrocinado por la Fundación Endesa. Imágenes cortesía del artista, Marian Goodman Gallery, Nueva York/Paris y Frith Street Gallery, Londres